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El Obelisco Tello en Chavín de Huantar

En 1907 Trinidad Alfaro, un campesino del municipio de Chavín de Huántar (460 kilómetros al noreste de Lima), trabajaba tranquilamente en uno de los campos que cultivaba. Cual no sería su sorpresa cuando, de repente, dio con los restos de una enorme escultura de piedra. Tuvo incluso que solicitar ayuda para desenterrarla por completo y llevarla hasta la puerta de la iglesia del pueblo.

Lo que Trinidad Alfaro no sabía era que acababa de descubrir uno de los restos arqueológicos más conocidos del Perú en la actualidad.  Es más, gracias a este hallazgo se iniciaron los trabajos para descubrir los tesoros del yacimiento arqueológico de Chavín de Huantar. De la escultura de piedra encontrada se encargó de su estudio en primer lugar Julio C. Tello en 1919, de ahí precisamente el nombre que tomó.

Este obelisco es un pilar de granito de algo más de dos metros y medio de altura y 32 centímetros de ancho. Se encuentra esculpido en sus cuatro caras y en ellas pueden verse diversas figuras: hombres, felinos, serpientes, aves, plantas… Al parecer símbolos de los seres que sirven de alimento a la divinidad a la que representa el obelisco. Aún así es una escultura bastante compleja, ya que en realidad todo lo que está esculpido funciona a modo de texto.

Un texto que relata la historia de un dragón que se presenta tanto en forma masculina como femenina. El dragón, con cabeza de cocodrilo, aparece en todas las caras del obelisco. Según los estudios este animal se refiere a una extraña criatura que vive entre el río Chira y la cuenca del Guayas en Ecuador, ya que no hay cocodrilos en otra parte de Sudamérica (solo caimanes)

Se cree que eran los sacerdotes los que realizaban la lectura de las caras del obelisco. Plantado sobre la tierra en la plaza principal, servía como elemento de tipo religioso. Por su altura a buen seguro que era uno de los grandes símbolos de la antigua ciudad y uno de sus monumentos más significativos.

Chavín de Huantar fue una ciudad que comenzó a construirse alrededor del 850 a.C y fue abandonada casi seis siglos más tarde. Julio C. Tello, considerado el padre de la arqueología peruana, fue quien inició los trabajos en ella para descubrir un lugar único, germen de la cultura más ancestral del Perú. El Obelisco Tello, como metáfora del universo, es uno de sus principales elementos.

Durante 90 años este obelisco estuvo en Lima siendo tratado y estudiado. En el 2008 fue por fin trasladado hasta el Museo Nacional Chavín, inaugurado precisamente hace casi cinco años. En la misma sala en la que se expone aparece también la Estela de Raimondi, otro de los grandes hallazgos arqueológicos de Chavín de Huántar.

Foto Vía Chavín24