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Lambayeque, turismo rústico y de lujo en uno

Lambayeque está lentamente dejando de ser un encantador pueblito del norte peruano para volverse una ciudad costera de importancia nacional. Testigos, son las casas playeras de Pimentel, de un estilo arquitectónico moderno que nada envidia al distrito de Asia, una de las zonas más exclusivas de Lima.

Y no es lo único que denuncia un estilo de vida más citadino, son las cebicherias y sus ambientes las que nos traen imaginariamente a Lima, son los muchachos practicando surf por todo el litoral. Hay muy buenos sitios para hospedarse, como las hosterías, usualmente son casonas adaptadas al turista con toda las comodidades. Si lo que le gusta es toda la experiencia de Lima, pero desea un visitar un lugar más paradisíaco, entonces el destino ideal es Lambayeque.

No obstante, el visitante no debe olvidar que estamos en provincia, las calles y la modernidad se pueden acabar con sólo doblar una esquina. Y es en el sur donde esas esquinas ofrecen un espectáculo reservado para el turista curioso que gusta de sacarle el máximo provecho a sus viajes.

En el sur está Santa Rosa, donde comer no es una necesidad, es un honor, no hay una experiencia comparable a un mero bañado en salsa picante, o una tortilla de raya, o un cebichito norteño con zarandaja y yuca hervida. Todo esto con un panorama de pantalla de cine para espectar, el horizonte desdibujado por los lanchones de los pescadores.

Otro lugar que no debería perderse si de verdad gusta de lo histórico, es el Puerto de Eten, donde puede hospedarse en pequeños hospedajes que quedan al frente de la playa misma y lo mejor de todo es que no cuestan mucho.

En tiempos del esplendor azucarero del Perú, el puerto sirvió de zona agroindustrial y floreció a principios del siglo XXI, a tal punto que el presidente Pardo decidió convertirlo en distrito, debido a la importancia económica que esa actividad adquiriera ahí. Por ese entonces, se le premió con un gran muelle y un ferrocarril para agilizar el intercambio comercial. Tanto alboroto trajo a nuevos y entusiastas habitantes, entre ellos Tenesse Williams, y así la ciudad vibraba hasta más no poder.

Si no nos cree, fíjese nada más en su arquitectura con rasgos Art Noveau, un estilo tan excéntrico como costoso y bello. Los balnearios en madera fueron testigo de una época de bañistas elegantes pero sencillos. De esa época hoy sólo quedan restos, quizás algún un lugar escondido para sentarse a comer sabroso y descansar; pero la belleza natural permanece –como siempre- mucho más que nosotros.